Nosotros

Somos trabajadores que desarrollamos, desde 2002, un emprendimiento productivo en la ciudad de Buenos Aires: el bar, panadería y centro cultural La Cacerola. Desde las asambleas barriales que poblaron las calles en diciembre de 2001, adoptamos la forma y los valores cooperativistas para llevarlo adelante.

En el camino, nos vinculamos con otros grupos de personas que venían buscando la misma salida, desde la Economía Social y Solidaria, a las desigualdades en las relaciones sociales. Nos articulamos comercial e ideológicamente con organizaciones estudiantiles autogestionadas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y logramos el reconocimiento de la comunidad académica por nuestro trabajo. También integramos personas en situación de calle a partir de un acuerdo con el Servicio Paz y Justicia (Serpaj).

Hoy, casi 40 compañeros somos parte de este proyecto. Nuestras puertas están abiertas, de lunes a sábado, de 8 a 22, para vecinos, estudiantes, artistas y todo aquel que se quiera acercar a disfrutar un cálido servicio, ricos productos y a conocer una historia de autoorganización en constante crecimiento.

Construcción Solidaria

Nacimos afuera, en la plaza, en las calles, y nunca nos olvidamos. Hicimos un convenio con el Servicio Paz y Justicia (Serpaj) para incorporar personas en situación de exclusión, sin vivienda o con problemas de adicción. Hoy son casi la cuarta parte de los integrantes. Igual que nosotros, aunque desde situaciones diferentes, recuperaron su dignidad a través del trabajo cooperativo. Extendimos el proyecto a las facultades. Hacemos pan y facturas para La Barbarie, el bar autogestionado de los estudiantes de Ciencias Sociales de la UBA, con quienes compartimos las ollas populares en el barrio cada dos semanas, y nuestros productos llegaron también a la sede de Filosofía y Letras.

Nos encontramos con organizaciones que venían marchando por la misma senda, como la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (Facta), la Red de Barrios, la Tupac Amaru y el Colectivo Trabajo y Autogestión. Participamos del Primer Encuentro Latinoamericano de Empresas Recuperadas, en 2005 en Caracas, Venezuela. En noviembre de ese año, también fuimos parte del Primer Encuentro Universidad y Movimientos Sociales, en Buenos Aires. En 2009, fuimos invitados al Segundo Encuentro Encuentro Internacional La economía de los trabajadores: autogestión y trabajo frente a la crisis global, para exponer en el panel La economía desde la base: ¿economía social o socialización de la economía?.

No nos desentendemos del acontecer político y social que nos rodea. Por eso estuvimos reclamando desde nuestro barrio la aparición con vida de Julio López, pocos meses después de la desaparición de este testigo en una causa de Terrorismo de Estado. Y nos incorporamos a la Multisectorial porteña para defender la salud y la educación públicas y el espacio de cada uno de los vecinos de nuestra ciudad.

Hacia adentro, nos organizamos de manera participativa, sin perder la eficiencia comercial necesaria para demostrar que el trabajo cooperativo es superador, en todo sentido, del verticalismo patronal. La receta la sabemos todos, la compartimos. Todos somos maestros panaderos, y aprendemos constantemente en la interacción colectiva. Nos capacitamos, rotamos los puestos. Y los compañeros que lo necesitan tienen la posibilidad de acceder a bachilleratos populares para jóvenes y adultos, que funcionan en distintas fábricas recuperadas.

Piquete y Cacerola

En 2001 salimos a las calles a gritar “Que se vayan todos”. Sin trabajo ni esperanzas de que nos devolvieran lo que nos habían quitado, tomamos el camino de la autoorganización. Pudimos juntarnos, vernos a los ojos y entrecruzar nuestras historias individuales para empezar a construir otra, la colectiva. Formamos parte de la Asamblea del barrio de Almagro. Desde ahí, diez integrantes iniciamos este emprendimiento productivo y social, que fue creciendo con el esfuerzo de adentro y la solidaridad de afuera. Hoy, somos una fuente laboral y de inclusión social para casi 40 personas, entregamos más de 2 mil viandas escolares por día, articulamos nuestro trabajo con estudiantes universitarios y somos uno de los ejemplos más reconocidos de autogestión como salida a la crisis más profunda que vivió el país en su etapa neoliberal.

En junio de 2002, conseguimos en comodato del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires un galpón abandonado, habitado solamente por ratas. Uno de los iniciadores, pastelero, aportó algunas máquinas. Con el sacrificio de todos fuimos acondicionando el lugar, sabiendo que nuestra experiencia no era única. Nos vinculamos con el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (Mner) y empezamos a consolidarla en conjunto. En agosto, ingresamos al Programa de Unidades Productivas Solidarias de la Secretaria de Educación de la Ciudad, por el cual llegamos a producir 2.400 viandas para los chicos y chicas que asisten a los comedores de 24 escuelas públicas porteñas.

Así, dimos forma a las iniciativas que fueron surgiendo como escapatoria a la crisis. Compras comunitarias, club del trueque, ferias barriales, actividades culturales y discusiones políticas en la plaza. Le dimos una vuelta de tuerca a ese escenario y con el germen de la participación de los vecinos autoconvocados organizamos este espacio, ya afianzado y con mucho camino todavía por recorrer.

Nuestra casa, la de ustedes

Nuestro bar es hoy más que eso. Es nuestra casa y está abierta a los estudiantes, a los vecinos, a los artistas, a todos los que quieran tomarse un café endulzado con la lucha de personas que no nos resignamos y escribimos, desde cero, esta historia. Hoy, no solamente servimos con calidez nuestros productos, sino que exponemos también una experiencia viva de organización autónoma y fructífera. La que nos permitió ir más allá del repudio a las desformas que iban destruyendo la sociedad y que estallaron aquel diciembre de 2001. La que nos dio la chance de conocernos y hallar juntos una salida. Con los ingredientes que tuvimos a mano, pocos materiales pero mucho esfuerzo humano, fuimos llenando la cacerola y acá está, de todos y para todos, alimentando sueños de una sociedad más justa y solidaria.